El mito de Narciso y Eco

En el imperio griego existía un hombre muy apuesto y alegre que volvía locas a las mujeres y a los hombres griegos. Sin embargo, él rechazaba a todo joven que se le proponía, pues sólo sabía quererse a sí mismo.

Eco, por su parte, era una ninfa del bosque que entretenía a Hera, la esposa de Zeus, con su encantadora voz, mientras él se aprovechaba y escapaba con otras ninfas. Cuando Hera se enteró de estas infidelidades, condenó cruelmente a Eco a no poder hablar por sí misma y sólo poder repetir las últimas palabras que escuchaba –naciendo así el significado de la palabra eco–. Ésta huyó y se escondió en los bosques, donde un día, vio a Narciso pasar y quedó profundamente enamorada.

‘Eco y Narciso’, de John William Waterhouse

Eco fue reuniendo el valor para declararle su amor a Narciso, y con la ayuda de los animales del bosque, finalmente pudo decirle las tan ansiadas palabras que tanto le costaban pronunciar. Él, sin embargo, rio cruelmente, sin aceptar su amor, y la ninfa volvió a huir a su escondite en las cavernas, donde se consumió hasta que sólo quedó de la ninfa, un ligero eco. Hasta el final de sus días oró e imploró a Némesis, la diosa de la justicia y la venganza, y ésta castigó a Narciso a enamorarse de sí mismo. Tal fue su locura, que pasaba los días observando su propio reflejo en un estanque, ni comía, ni bebía, todo por no separarse del bello reflejo. Hasta que finalmente, se acercó tanto que se ahogó en las aguas. Cuentan que, en el mismo lugar donde se produjo la muerte de Narciso, creció una flor de notable belleza, que recibió el mismo nombre que el joven.

Desde Purpurina Magazine hemos querido recrear este idílico paisaje. Os dejamos por aquí nuestra propuesta.

Artículo por Mar de Garrido

Fotografía y edición Rosell Mongay

Staring Miguel Leal y Claudia Garcia

Dirección artística Purpurina Magazine