Los mitos del amor romántico

Todos conocemos mitos del amor romántico como que debemos encontrar a nuestra «media naranja», o aquello de «el amor todo lo puede». Pero no siempre es así. Hoy, os contamos las tres etapas por las que evoluciona el amor y desentrañamos las relaciones que se nos muestran en las películas y en la literatura.

Crepúsculo (Catherine Hardwicke, 2008)

Todos hemos escuchado alguna vez frases como que «la persona correcta llena todos los espacios de nuestra vida», o que «cuando se está enamorado no es posible sentir atracción por otra persona», o que «el amor todo lo puede». Y es que este tipo de afirmaciones son peligrosas para la pareja, puesto que si se creen a pies puntillas, puede llevar a muchas incomprensiones.

Algo de lo que no se habla casi nunca es que el amor evoluciona y tiene fases. Normalmente, la primera fase está dominada por la lujuria y es de la que todos oímos hablar y que todos anhelamos: el enamoramiento.

La primera fase: limerencia

La psicóloga Dorothy Tennov acuñó en 1977 el término limerence, que da nombre a la primera fase del amor, y lo publicó en su libro Love and Limerence: The Experience of Being in Love (1979).

Esta primera etapa inicial suele durar unos 18 meses (los estudios indican que esta temporada suele durar desde los 6 meses a los 3 años, aunque hay parejas que afirman continuar enamorados tras muchos años de relación) y se caracteriza por la revolución de nuestras hormonas: la testosterona sube, lo que implica un mayor deseo sexual, y la dopamina es alta, lo que nos produce una sensación de euforia. Además, el mítico sentimiento que todos conocemos de tener ‘mariposas en el estómago’ o, por el otro lado, más sensaciones de ansiedad, las provoca la adrenalina. Además, todas estas hormonas producen también la focalización de emociones en un sólo objeto, en este caso, la persona amada.

Limerencia: estado mental involuntario que resulta de una atracción romántica hacia alguien por el que siente una necesidad obsesiva de ser correspondido.

Y es que, cuando decimos que ‘el amor es como una droga’, no mentimos. La feniletilamina es un aminoácido que actúa como neurotransmisor. Esta droga natural que provoca nuestro propio cuerpo provoca sensaciones como la exaltación, la alegría y la euforia. Es más, cuando nos sentimos rechazados o nuestro amor no es correspondido, se pasa un periodo de duelo y depresión parecido al que sucede con la desintoxicación o el síndrome de abstinencia, pues se deja de producir esta hormona.

La segunda fase, el amor romántico

Cuando las hormonas han dejado de hacer efecto, comienzan los primeros problemas o crisis de pareja. Se debe construir confianza mutua teniendo en cuenta las necesidades de cada uno y teniendo en cuenta que se deja de idealizar a la pareja amada. Suele caracterizarse también por la aparición de una comunicación más fluida y a un equilibrio emocional.

Muchas veces buscamos esa dopamina que hemos perdido en nuestra pareja, cuando «la magia se va», y ahí comienzan a verse los indicios de las infidelidades. Se puede caer en el error de pensar que la falta de adrenalina se debe a la muerte del amor, y no a su evolución. Por ello, muchas personas buscan esas emociones, características de montaña rusa, en otras personas, dejando a su pareja de lado. Es importante entonces, que ambos amantes pasen juntos estas fases, y que ninguno de ellos quede atrapado en la búsqueda de la limerencia.

La fase final: el amor maduro

Si la pareja logra superar las desavenencias del amor romántico, se puede entonces afianzar el compromiso y la confianza. Se valora más la calma y la paz, y el vínculo emocional, al no ser tan intenso, puede vivirse desde la individualidad de la pareja.

Si nos damos cuenta, las parejas representadas en las películas, en las series y en las novelas suelen encajar la historia sólo en la primera fase: la del enamoramiento. Suelen terminar cuando la pareja por fin se ha casado, o se dan un beso en el baile de fin de curso. Eso, además de todos los mitos que se le unen al amor, nos hacen invisibilizar las dos fases siguientes, anhelando sólo la dopamina de la primera. Queremos decir, está muy bien que hayan cinco películas de la saga Crepúsculo que narren todas las aventuras de la pareja y de sus intentos por estar juntos, pero cuando al final nos dicen que ya son felices para siempre, ¿dónde queda eso? Termina la película y sólo nos dan algunos retazos con los que conformarnos, ignorando por completo las siguientes fases por las que debería pasar su amor.

Debido a la imagen que se da en las películas o novelas románticas, como la saga ‘After’, ‘The Kissing Booth’, ‘Beautiful Disaster’, ‘The Duff’, ‘A través de mi ventana’ o ‘A tres metros sobre el cielo’, durante la adolescencia comenzamos a elucubrar nuestra propia idea del amor: y no es otra que un amor como el centro del mundo que copa todos nuestros pensamientos y que está lleno de pasión y drama.

Pensamos en las relaciones como la de Tessa y Hardin (de la saga ‘After’), un ’50 sombras de Grey’ camuflada para menores, un tira y afloja, violencia psicológica justificada por el supuesto amor que se profesan ambos protagonistas. O entre Hache y Babi, relación que idolatramos y deseábamos desde muy pequeñas. Por no mencionar estereotipos que debemos desenmascarar, como la erotización del ‘chico malo’ que es dado a los vicios y que ha sufrido algún pequeño trauma de pequeño y por ello se le perdona todo.

En conclusión, estamos acostumbrados a ver romantizaciones del amor tóxico. Con la excusa del capítulo de ‘Euphoria’ que ha salido hoy en España, podemos ver algunas de las características de los mitos del amor romántico en la serie. Y atención, que vienen spoilers.

En la figura de Nate y en las relaciones que tiene con Cassie y Maddy vemos casi todas las formas posibles de maltrato y manipulación dentro de las relaciones tóxicas. Tanto es así, que en este último capítulo se ha llevado al extremo con la escena del revólver. Cuando Nate juega a la ruleta rusa, primero apunta a Maddy preguntándole dónde está el CD que tanto ansía, pero ella no responde hasta que se lleva la pistola a su propia sien. Por el otro lado, Cassie vuelve al lado de Nate –a pesar de haber perdido a su mejor amiga y haberle destrozado la vida–, bajo la atenta mirada de su madre.

Sin embargo, no todas las relaciones que aparecen en la serie son tóxicas, a pesar de que nos encontremos con un panorama bastante desolador, además de por el triángulo amoroso, por la ruptura de Jules y Rue o por la incapacidad de Kat de no poder enamorarse de su novio, Ethan, un tío aparentemente perfecto. Nos dan amor en pequeñas dosis, dulce, sin ser dramático, con la pareja de Lexi y Fez, mostrándonos que todo tiene cabida en esta serie.

Lexi y Fez ©HBO

Artículo por Mar de Garrido